¿Qué es la Artrosis?
La artrosis, también conocida como osteoartritis, es una enfermedad degenerativa crónica que afecta las articulaciones, caracterizándose por la degradación progresiva del cartílago articular. Esta pérdida de cartílago provoca fricción entre los huesos, lo que genera dolor, rigidez, inflamación y una reducción en la movilidad. Es una de las patologías articulares más frecuentes, especialmente en personas mayores de 50 años, aunque puede desarrollarse debido a múltiples factores de riesgo, como predisposición genética, lesiones previas, sobrepeso u obesidad, y sobrecarga articular.
Etiología y Factores de Riesgo
El desarrollo de la artrosis está relacionado con diversos factores de riesgo, que se dividen en sistémicos y locales:
- Factores Sistémicos: La edad es un determinante clave, ya que con el envejecimiento disminuye la capacidad de reparación de los condrocitos y ocurren cambios hormonales. La obesidad también es un factor relevante, debido a la sobrecarga mecánica en articulaciones como rodillas y caderas, además de los efectos proinflamatorios de la grasa corporal.
- Factores Locales: Incluyen traumatismos previos, malformaciones congénitas, alineaciones articulares anormales y uso excesivo de las articulaciones. La combinación de estos factores puede acelerar el deterioro del cartílago y contribuir a la progresión de la enfermedad.
Mecanismos Patológicos y Progresión de la Enfermedad
La artrosis se caracteriza por un proceso degenerativo en el que el cartílago articular pierde elasticidad, adelgazándose y desapareciendo en ciertas áreas. Este desgaste genera fricción entre los huesos, provocando dolor y limitación del movimiento. Se han identificado mecanismos como la apoptosis de condrocitos y la inflamación de bajo grado, los cuales contribuyen al deterioro articular.
El proceso de degeneración ocurre en tres fases:
Fase Inicial: El cartílago se vuelve frágil y menos elástico.
Fase Intermedia: Se adelgaza progresivamente, exponiendo el hueso subyacente.
Fase Avanzada: El colapso del cartílago genera roce óseo, intensificando el dolor y reduciendo la movilidad.
Los síntomas principales de la artrosis:
- Dolor articular, que puede presentarse durante la actividad física y, en etapas avanzadas, incluso en reposo.
- Rigidez matutina, especialmente después de periodos de inactividad. Crujidos articulares y deformidades, resultado del desgaste progresivo del cartílago.
- Discapacidad funcional, dificultando la realización de actividades cotidianas.
- Los brotes de dolor pueden estar influenciados por factores externos como la actividad física y el clima, y la relación entre los síntomas y el daño articular observado en estudios de imagen no siempre es directa.
Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis se basa en la historia clínica del paciente, el examen físico y pruebas de imagen como radiografías, que permiten evaluar el grado de desgaste del cartílago y la presencia de osteofitos (formaciones óseas anómalas).
Tratamiento y Manejo
Si bien la artrosis no tiene cura, su manejo se centra en aliviar los síntomas y mejorar la funcionalidad del paciente mediante un enfoque multidimensional:
Modificación del Estilo de Vida: La pérdida de peso y el ejercicio regular ayudan a reducir la sobrecarga articular y fortalecer la musculatura
Tratamiento Farmacológico: Incluye el uso de analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y, en algunos casos, terapias con corticosteroides o ácido hialurónico.
Intervenciones Físicas: Programas de fisioterapia con ejercicios de movilidad y fortalecimiento.
Cirugía: En casos avanzados, pueden realizarse osteotomías para mejorar la alineación articular o artroplastias para reemplazar la articulación dañada con una prótesis.
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Uno de sus principales beneficios es su acción rápida: los efectos comienzan a percibirse dentro de las primeras 24 horas posteriores a la aplicación. Además, su efecto terapéutico es duradero, ya que puede prolongarse por más de seis meses, permitiendo una mejor calidad de vida para los pacientes.
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